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Tendencias que se volvieron costumbres

Acompañar un asado bajo la sombra reparadora de una galería con una botella de Torrontés ya no es una imagen nueva, como tampoco lo es el maridar pastas con algún otro vino blanco. Pedir una botella de espumoso como primer paso en un almuerzo o cena tampoco representa hoy un pedido que escandalice a nadie.

En la actualidad, ver mesas de hombres bebiendo rosados como aperitivo o a mujeres disfrutando una copa de tinto en una barra son formas naturales de disfrutar el vino, alejándonos finalmente de mitos y reglas que han quedado atrás.

El vino es una de las bebidas más nobles y versátiles que existen y, sin importar el contexto, si hacemos énfasis en su temperatura, podremos apreciarlo a plenitud con lo que más nos guste. Aquellas normas que dictaban blancos solo para pescado, tintos para carnes rojas, espumosos para el brindis o rosados para mujeres son hábitos que quedaron en el tiempo.

Lejos de ser una moda pasajera, beber estos vinos y sumarlos a momentos o comidas de formas arriesgadas es una manera establecida de apreciarlos. Los cócteles con bases vínicas se ven a menudo en las cartas de la alta coctelería, ganando adeptos que luego replican esas mezclas en sus casas, donde no se requiere el conocimiento de un mixólogo sino las simples ganas de entregarse a los placeres embotellados.

Atentas a este cambio paulatino pero firme en el consumo, las bodegas tomaron nota y la gran mayoría sumó a su porfolio rosados y blancos jóvenes pero con cuerpo, así también como espumosos versátiles, de entrada de gama y accesibes para beber, en presentaciones en latas o botellas de 187 ml. que se pueden beber solas, con hielo o en cócteles, como el Tinto de Verano que cada vez tiene más seguidores.

Es así que hoy los vemos totalmente incorporados en el radar del cliente que los busca en restaurantes, bares y reuniones porque nos son familiares, cómodos, modernos, y sobre todo, porque nos gustan.

Como sociedad estamos cambiando constantemente nuestros hábitos y, entre ellos, la forma de disfrutar lo que bebemos. En un asado hoy, desfilan los rosados, espumosos, blancos y en estos tiempos de calor que se van alejando, el hielo.

Lo que años atrás inició como una tendencia de verano derivó en un cambio de conducta que hoy es una verdadera costumbre. En esta aceptación de nuevas formas, lo que antes se dividía por segmentos marcados hoy convive en una armonía natural, diluyendo los antiguos perfiles para dar paso a un consumidor mucho más versátil.

Quien disfruta de estas bebidas se permite hoy explorar, elegir y adquirir etiquetas que antes no formaban parte de su radar, integrando nuevas experiencias a su abanico de gustos personales.

 

 

Marco del Castillo Maldonado

Sommelier 

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