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¿La música cambia el sabor?

La ciencia detrás de una experiencia sensorial única

¿La música cambia el sabor? La respuesta es más profunda de lo que parece, ya que tanto el sabor como el sonido son interpretados por nuestros sentidos. Con la copa en la mano, uno decide si desea experimentar nuevas sensaciones; con un simple olfateo damos inicio a nuestra aventura, una que hoy suma un nuevo sentido, el oído.

No es una mera apreciación romántica, pues la ciencia confirma que cuando la música envuelve el ambiente, nuestro paladar se predispone al viaje.

Estudios liderados por el profesor Adrian North demostraron que la música puede alterar la percepción del sabor en un 60%. No es que la bebida, en este caso el vino, cambie su composición química, sino que nuestro cerebro «muda» su forma de percibirlo a través de lo que se denomina maridaje cognitivo o primación (priming), un concepto real y fascinante que se enmarca dentro de la gastronomía multisensorial.

Es así que el cerebro recibe la forma de la música y la traslada automáticamente al paladar en un maridaje sonoro donde el entorno define la experiencia. Si suena un vinilo de rock pesado, con guitarras eléctricas o cuerdas de textura rugosa, la boca se prepara para algo fuerte y el vino se percibe más intenso, robusto y con mayor cuerpo.

Por el contrario, si la música es clásica o acústica, con sonidos de piano o tonos altos y suaves, la percepción se vuelve más analítica y el cerebro logra rescatar las notas más delicadas y elegantes, en este caso, de la cepa. 

Investigadores del Crossmodal Research Laboratory de la Universidad de Oxford, liderados por el profesor Charles Spence, han profundizado en este experimento con instrumentos, confirmando que los vinos con mayor presencia tánica, como un Cabernet, vibran en sintonía con la distorsión y la energía, mientras que los vinos dulces encuentran su mejor aliado en la sutileza sonora.

Spence ha documentado exhaustivamente cómo el entorno auditivo, el peso de los cubiertos o la forma de la copa alteran nuestra experiencia sensorial; un campo de estudio que él denomina ‘Gastronomía Multisensorial’ y que valida que el acto de beber es, en realidad, una experiencia que involucra a todos los sentidos.

En definitiva, la ciencia nos revela que nuestra experiencia al comer o beber es mucho más flexible de lo que creíamos. La música no es un simple acompañante de fondo, sino un ingrediente invisible que moldea nuestra percepción. La próxima vez que te dispongas a disfrutar de una buena comida o una bebida especial, recordá que la experiencia comienza mucho antes del primer bocado o sorbo: empieza en el momento en que elegís qué escuchar, permitiendo que tu cerebro complete esa sinfonía sensorial en una experiencia total y unica.

 

Marco Del Castillo Maldonado | Sommelier

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